En el marco de la celebración del Día del Colegio Inglés y el Día del Libro, creamos la iniciativa «Los cuentos del Inglés».

Durante esta jornada y por 10 días, los alumnos del Colegio escribirán cuentos inspirados en lo que viven dentro de nuestra institución. Así la esencia de esta familia quedará reflejada en sus palabras. 

Esta iniciativa surge a partir de un relato creado por los egresados del año 2018. Durante la ceremonia de graduación, los alumnos preparan un discurso para dejar un mensaje a los padres, docentes y compañeros. Esa generación, realizó un cuento, uno cuya protagonista era una niña. Aquí pueden leerlo:

Esta historia empezó en Brito del Pino y Soca, una mañana de marzo del 2002. Una niña vivía su primer día de clases en el Colegio Inglés, pataleaba y lloraba, pero no sabía que este era el comienzo de una gran historia.

Todas las mañanas era recibida por sus maestras, y de a poco ese miedo de alejarse de sus padres se fue transformando en la alegría de volver a ver a sus compañeros.

Fue sumando diferentes experiencias como las clases de Pechocha, como olvidarse de las peleas por el reco reco, de las veces que Pechocha le pidió que modulara y de sus besitos soplados. Pero lo más esperado era volver a encontrarse a esa señora de pelo corto y negro, que muy cariñosamente ofrecía una gelatina de azúcar. Con el tiempo, aprendió que esa señora se llamaba Nené.

El siguiente paso fue conocer lo que sería su nueva casa, Feliciano, allá por 2005. Su paso por ahí fue corto, pero luego volvería. Este fue el primer año que la niña iría doble horario. Aquí empezó la pasada de lista en la cual cada uno debía decir si era ticket, packlunch o home. Vivió por primera vez una clase de Taekwondo, en donde Mario le haría varios chistes. Tuvo su primera graduación y siempre recordaría el baile “mueve las pompas”.

Comenzaba marzo de 2006 y la generación no solo iniciaba una nueva etapa, sino que también inauguraba un nuevo local: Ricaldoni. Ese misterioso nuevo local era totalmente diferente a los anteriores, un lugar lleno de piedras, juegos y un árbol especial, que conoció cada sonrisa y fue testigo de muchas caídas. Esta etapa trajo también una nueva serie de experiencias; entre ellas, cocinar su propio desayuno al estilo inglés, nuevos paseos didácticos, como ir a la Baguala y comer torta de naranja, y el primer campamento en el Alción. A pesar de haber sido la primera vez que dormía lejos de casa, disfrutó con mucha alegría las diferentes actividades junto a sus compañeros. Este hotel fue muy especial para ella, amaba su sopa, sus habitaciones, su piscina y siempre disfrutaba de las grandes búsquedas del tesoro, aunque quedaba media triste porque nunca era ella la que encontraba lo encontraba.

Al año siguiente, volvería a Feliciano y allí, poco a poco, algunos compañeros comenzarían a volverse más especiales. Entre juegos y risas, conoció aquella persona tan significativa, a la que nombró su mejor amiga. Con ella compartieron secretos y picardías que nunca olvidarían.

Feliciano no tenía un árbol gigante ni un gran jardín para explorar, pero sin embargo tenía una magia especial. Los juegos eran muy distintos; ya no estaban los toboganes ni las casitas. Ahora el piso estaba pintado, había aros y arcos, futbolitos y una mesa de ping pong, causal de muchas peleas por las paletas para la famosa vuelta al mundo. Ya no eran niños pequeños…se habían transformado en personas más grandes, capaces de comprender otras reglas y otros desafíos. 

Por otro lado, en Feliciano convivían muchas personas. Cada una tenía su rol y su función, a pesar que el almuerzo a veces era un poco alocado y la espera del tupper caliente se volvía interminable, todos eran imprescindibles.

La niña muchas veces se preguntaba- ¿qué sucede con los niños que se sienten mal? ¿Quién los cuida en este lugar tan grande y con tantas personas? – Un día como cualquier otro, lo averiguó. Luego de un almuerzo le dolía la panza, y al contarle a su maestra, ella le indicó: “bajá, anda a la entrada, allí encontrarás a Ana Cordero, te ayudara a sentirte mejor.”- la niña un poco confundida obedeció y fue a buscarla.

Sin duda alguna, luego de escuchar los síntomas, Ana le dio un tercio del vaso de agua, que contenía unas gotitas ideales para evacuar el mal estar. Para su sorpresa la pronta recuperación fue cuestión de pocos minutos.

Al tiempo, la niña llegó a una conclusión: las gotitas eran mágicas. No solamente funcionaban para el estómago… también servían para la cabeza, la garganta, la angustia y la rabia. Todo se solucionaba con las gotitas. ¿Qué era lo que las hacia tan especiales? Tal vez, el cariño con el que se hacían.

Con el paso del tiempo, las amistades se fueron consolidando. Compartieron momentos como su primer Halloween; a pesar que este era un día que despertaba sus miedos, pudo superarlos junto a su amiga. Siguieron sumando experiencias, como las obras de fin de año, aunque el temor por salir al escenario siempre se hacía presente, la energía contagiada por sus compañeros hacía que este sentimiento se esfumara rápidamente. ¨Mulán¨, ¨Tierra de osos¨ y ¨Robbin Hood¨ fueron algunas de estas obras que despertaron talentos ocultos en sus amigos. La niña se sorprendía al ver la pasión con la que algunos de sus compañeros se desenvolvían en el escenario. También las caminatas de a dos en TEA fueron importantes, en donde conoció a personas que antes no había tenido la posibilidad de relacionarse. A su vez experimento el relax antes de subir a clase después de los recreos.

El tiempo siguió transcurriendo y la niña continuó creciendo y aprendiendo. Cuando quiso acordar, comenzaba el 2012 y con esto, su último año de escuela, 6to. Aunque ya era más grande, la intriga y los nervios por cambiar de local y de maestras volvía a invadir su cuerpo y el de sus compañeros. 2012 era un año de cambios. Aquellos niños que en Feliciano eran los más grandes volvían a ser los más chicos. Dejaron aquel local que los acompaño durante años para entrar en el tan misterioso Pastoriza y encontrarse en el mismo lugar que su directora Edith. Un día le toco lo que no quiere hacer ningún alumno, pero hay veces que no queda otra opción que aceptar las consecuencias. Y así es como marchaba sola por el pasillo de la entrada. Nunca se había sentido de esta forma, no sabía que iba a pasar, los rumores e historias eran interminables. Toc toc, adelante, respondió una voz serena, esa voz era la de la directora general Edith. Los adjetivos quedaban chicos para describir a esta señora, una persona tranquila, sabia, que siempre tenía algo inteligente para decirles. Respetada y amada como nadie dentro de esta institución, con una mirada penetrante que cautivaba a las personas. Y allí se encontraba nuestra protagonista, en esa oficina misteriosa por la cual había pasado varias veces, pero estar dentro era algo completamente distinto.

Lo que paso a continuación no se lo había imaginado en ninguna de las veces que este momento había pasado por su cabeza. Edith la invito a salir y ambas se sentaron en las sillas del pasillo. Allí, sin más, comenzó una larga charla que definitivamente le iba a cambiar la forma de ver las cosas, y sobre todo, la forma de ver a su directora. Ahora, en ella veía una persona amable en la cual confiar y que iba a estar allí para cuando la necesitara.

Este año además seria especial por el tan esperado viaje a Puerto Madryn que traía consigo toda su preparación. Esta vez fuimos los que organizamos el baile al que otros años íbamos con tantas ansias.

El viaje a Puerto Madryn fue una experiencia única. La primera vez de muchas cosas; fuera del país sin sus padres, compartiendo más de cinco días con sus amigas y disfrutar de ese pequeño primer paso a la independencia.

Este viaje fortaleció a la generación, las divertidas actividades realizadas y las distintas aventuras generaron risas y anécdotas.

Al llegar de ese viaje cayó en la realidad. Le quedaban tan solo unos pocos meses de escuela. Muchas preguntas rondaban en su cabeza. ¿Cómo son los profesores? ¿Recreo de 5? ¿¿Cómo merendar en 5 minutos?? ¿Escritos, parciales? ¿Estoy preparada?

Un verano más y llegó el liceo. En 2013, comenzaba otro capítulo. Allí hubo nuevos compañeros que pasaron a formar parte de esta gran familia. Poco a poco todas las preguntas que la atormentaban en un principio, se fueron respondiendo solas. Esta niña que tanto le temía al liceo, ahora ya estaba acostumbrada a los cortos recreos y a las distintas materias.

El tiempo pasó, y por 2015 en 3ero año empezaron las fiestas de quince. Dejaron de verse como niños, para verse cómo adolescentes. Junto con esto aparecieron los chismes, las historias de amor y las peleas.

Como el resto, ella también festejo su cumpleaños de 15. Una día único en la vida, los nervios la invadían, pero una vez más sus amigos hicieron que pasara una noche inolvidable.

Comenzó el 2016, un año especial, en el que entre rifas y eventos, empezaba ya a palpitarse el viaje más esperado de todo estudiante del Colegio Inglés: Londres. No podían creerlo, veían tan grandes a aquellos viajeros y ahora les tocaba a ellos.

Trabajaron junto a sus padres durante todo el año para lograr un viaje soñado. Hicieron la carátula para la revista, escribieron entrevistas y organizaron distintos eventos.

Finalmente, el día tan esperado llegó. Un 28 de Enero de 2016 la generación emprendió el ansiado viaje. ¿Cómo expresar en palabras todo lo que sentía?

¡Londres! un mundo, una vida aparte. Esa adolescente se fue sola. Sola con sus amigas, a vivir por 5 semanas… Un tsunami de emociones la invadía. Cuantas cosas inseguras, cuántas cosas sin conocer, cuántas dudas por entender.

Los lugares no se comparaban con nada, los paisajes eran mucho más que solo placeres a los ojos, los paseos y traslados…. todo un reto. ¡Cuántos recuerdos, cuántos secretos, cuántas vivencias y experiencias!

El regreso no fue fácil, claro. ¿Cómo dejar todo eso? ¿Cómo volver a la realidad? Despertarse del sueño y no poder volver a soñarlo.

El reencuentro fue muy lindo, y la familia se completó. Mostrar cada compra…cada foto y cada anécdota; les hizo entender que el recuerdo siempre está y siempre que lo deseen pueden volar hacia atrás.

Se acercaba el 2017, ese sí que sería un año de cambios. Un año de elecciones y decisiones. Era todo un desafío para ella poder adivinar el futuro y concluir que era lo que la haría feliz, cuál era su vocación, su proyecto de vida. La situación, se hacía más difícil al saber que esa elección, definiría si continuaría su carrera con aquellas mejores amigas, o si marcaría una pequeña separación.

Otro pensamiento que viajaba por su confundida mente, era el uniforme. Feliz, segura por poder decidir qué ponerse cada mañana, mostraba a su vez una cierta ingenuidad y falta de experiencia. Pero, qué difícil era decir adiós al uniforme. Ella en el fondo sabía que era estar un pasito más cerca de tener que decir adiós a algo mucho más profundo. Se despedía de un camino largo, que durante tanto tiempo la identificó. Nunca más volvería a sentir esa conexión especial cuando se encontraba con otro alumno en la calle. Ella lo miraría, pero él no reconocería en ella al colegio. Nunca más experimentaría el sentimiento de pertenencia que le otorgaba la remera.

Entre las nuevas personas que conoció, destaca a su adscripta; Paty. Una persona muy especial. Siempre acompañando las mañanas con un alegre “buen día”, carismática y dispuesta a ayudar, aunque nunca faltaba el rezongo si  se demoraba al traer el carnet.

A su vez, afianzo su relación con Eileen. A ella se la puede definir como una persona que cumple varios roles. Definitivamente, juega un papel maternal, ya que, se preocupa por cada uno de los alumnos y los saluda con un beso siempre que los ve, formando una unión con ellos muy difícil de romper. Sin ella su paso por el colegio no sería el mismo.

A pesar de haber sido un tiempo de tantos cambios, ciertas cosas permanecían igual. En abril, se iniciaba un nuevo año de animación; una aventura que había emprendido un año atrás. Era inevitable no recordar aquel día miércoles por la tarde, con miedo e intriga, cuando entraba al teatro. Por lo que entendía, se trataba de un taller, pero jamás imagino que iba a ser mucho más que eso.

Este año, no solo asistían una hora y media por semana, sino que también se quedaban invaluables tardes planificando campamentos y actividades junto a sus compañeros. Esas “largas horas” eran incomprendidas tanto por sus amigos como por su familia. Mientras que el resto de las personas pensaban que solo era un grupo de locos, se estaba creando un grupo humano dueño de inagotables anécdotas.

Dos años después, casi sin darse cuenta, aquellos tres años de animación que parecían interminables, estaban culminando. Tras recibir tantas sonrisas de niños, tantos abrazos y emociones, habiendo creado tantos lazos con tantas personas, agradecida de haber conocido este maravilloso mundo de la animación, con un aplauso, medalla y beso puso broche de oro a esta etapa.

2018, ¿cómo describir este año? Sin duda, una montaña rusa de emociones, la nostalgia de lo que pasó y el miedo de lo que se venía.

Ella ya estaba pronta para salir al mundo de los adultos, decidida a seguir su vocación y perseguir sus sueños. Sabía que no iba a ser fácil dejar atrás sus compañeros de toda la vida, las risas, las charlas y hasta las peleas; Porque de eso se trata, ¿no? Superar los conflictos, aprender de los errores, de combatir tormentas y seguir creciendo. Esos, esos son los valores de una familia, de una gran familia que junta lo puede todo. Y eso demostró ser la generación 2000, una gran familia.

 

VOZ EN OFF

Se vino el último día. Nunca pensé que me iba a llegar, pero acá estoy a tan solo horas de festejar con mis compañeros el fin de este largo viaje. Pero ¿por qué festejamos si por dentro nos sentimos tan tristes?

Siempre causa tristeza ponerle un fin a cosas tan lindas. Es como cuando viajas, que los últimos días ya estás triste pensando que dentro de muy poco esa realidad se termina.

Yo creo que no es tristeza. Aunque se nos forme un nudo en la garganta de tan solo pensar que a partir de mañana dejamos de ser alumnos y pasamos a ser ex alumnos, y si que nos pega fuerte esa palabra. Aunque se nos llene de lágrimas los ojos cuando pensamos que nunca más vamos a compartir un salón con nuestros compañeros, nuestros amigos de toda la vida. No es tristeza, porque algo tan lindo no puede causar dolor y ese sentimiento de vacío. No es tristeza porque la tristeza no es algo que causa muchas alegrías. No es tristeza porque la tristeza no es testigo de miles de risas. No es tristeza porque la tristeza no es parte del amor. Y para nosotros la tristeza no puede ser parte de esta despedida. Porque, aunque suene a una frase hecha, no es un adiós, es un hasta siempre.

No hay que estar triste por lo que no va a ser, sino que felices por todo lo que fue. Y fue mucho, e increíble.

Esta despedida, no es una despedida porque el colegio es mucho más que un colegio. Es nuestra segunda casa, y uno siempre puede volver a casa.

DEDICATORIA ESPECIAL:

A lo largo de esta historia, han escuchado hablar sobre una niña. En ningún momento conocieron su nombre, pero creemos es hora de explicarles.

Hay nombres que reflejan la vida y las acciones de las personas que lo  llevan. Ella fue como su nombre, el alma de muchos, nuestra Alma de todos.

Durante toda nuestra vida nos acompañó, y sabemos que hoy lo sigue haciendo,  por eso te queremos agradecer!